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Gabriel Patat se mudó de La Paz a Rosario en 2003 para iniciar una formación universitaria. Se inscribió en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) donde cursó Ciencias Económicas durante seis años. Desarrolló gran parte de la carrera, pero una invitación de un entrenador de fútbol de la ciudad santafesina modificó su destino. Dejó de lado los fríos números para insertarse en el mundo del deporte más popular de la Argentina.

El entrerriano cambió las ciencias duras para iniciar el profesorado de Educación Física. Mientras se formaba como docente comenzó a trasladar sus conocimientos en distintas entidades deportivas de La Chicago Argentina. Transitó sus primeros pasos en Provincial, un club de Rosario donde circulan diariamente alrededor de 2.000 chicos. También trabajó en otras entidades de la citada localidad santafesina como Central Córdoba, Tiro Federal, Rosario Central, Atlético San Jerónimo, Atlético Federación y Adiur.

A inicios de 2019 Patat decidió dar un salto en su currículum. Salió de su estado de confort para trasladarse a Estados Unidos. Se integró a la estructura del Naples United FC, un proyecto que contó con la participación de 14 argentinos y que participa en la National Premier Soccer League (NPSL), tercera categoría del fútbol de ese país. Desde agosto de ese año asumió otro desafío. Por invitación del rosarino Hernán Carlissi se sumó al cuerpo técnico de Asociación Deportivo Municipal Liberia, equipo que milita en la segunda división del fútbol Tico.

“Cuando me fui de La Paz a Rosario no imaginaba estar en Costa Rica viviendo del fútbol, que es algo que me apasiona. En ese entonces tenía otra cabeza. Pensaba el fútbol en algo lejano. El fútbol no formaba parte de mi vida”, confesó Gabriel, en comunicación desde Liberia, Costa Rica, con Ovación.

La disciplina deportiva no es solamente la industria que le permite subsistir económicamente, sino su gran pasión. De esa manera lo describe el entrerriano que reside en centro América. “Mi hijo me dice ahora “papí, vamos a ver fútbol así estoy con vos”, graficó, entre risas. “Soy un profesional y para estar al día tengo que vivir capacitándome para estar actualizado”, resaltó.

Desde el arco. Su primer contacto con la redonda fue cuando todavía residía en su ciudad natal. Se calzó los guantes para atajar en Primera División en Sportivo Comercio e Industrial de La Paz. Al trasladarse a Rosario se integró al equipo de la UNR, pero también se calzó la pilcha de Renato Cesarini y Mitre de Pérez. Luego defendió la valla de Rosario Central, el club del cual es hincha, pero en futsal.

Durante ese trayecto un entrenador lo convenció para ingresar de lleno en el ámbito. Dejó Económicas. Se formó y se graduó como profesor de educación física. A través de ahí inició su trayectoria en la localidad santafesina. Recibió ofertas para migrar, pero su familia fue la prioridad.

En 2019, y apoyado en el respaldo de Priscila, su esposa, Juan Ignacio y Julia, sus hijos, aceptó buscar nuevos desafíos profesionales. El respaldo de su círculo más íntimo fue determinante para superar un escenario de desarraigo, pero con el horizonte bien en claro desde el plano laboral.

“Cuando trabajaba en Rosario tenía varias ofertas para ir al exterior, pero no terminaba de concretar. A través de Carlos Aducci me llegó una oferta en enero de 2019 para ir a Estados Unidos. Después de plantearlo con mi familia decidí armar las valijas y en marzo me fui a Naples FC, donde estuve hasta fines de agosto”, rememoró.

“Naples juega la NPSL, que sería la tercera categoría del fútbol de Estados Unidos y es la más federal porque compiten equipos de todo el país. Se armó un proyecto con 14 argentinos, el entrenador también era argentino. Salimos sextos sobre 97 equipos y quedamos eliminados en semifinales perdiendo ante Miami FC, que salió campeón y es prácticamente un equipo con estructura de MLS (Major League Soccer), pero por problemas políticos no puede competir. Nos fue muy bien, el dueño tuvo muchas ofertas para poder comprar e ingresar en una plaza más grande, pero decidió mantenerse ahí. Jugó otro torneo más pequeño y ahora volverá a competir en la NPSL en el cual en ese torneo nos costó un poco el tema de la visa”, detalló Patat.



Paso positivo. Luego de esa experiencia en Norteamérica recibió una oferta para trasladarse a Costa Rica, donde dio un salto en su carrera. “Me llegó una oferta de Hernán Carlissi para sumarme al cuerpo técnico que él encabeza en Municipal Liberia. Fue un cambio muy importante porque pasé de una tercera división de Estados Unidos, donde el fútbol no es prioridad, a una segunda división de un país donde se vive mucho el fútbol”, describió.

“Municipal es un club grande que salió campeón en Primera División, tiene uno de los estadios más lindos del país. Llegamos el año pasado por intermedio de un gerenciamiento argentino que terminó a fines de 2019. Hoy estamos con un proyecto de una empresa de España en el cual ellos quieren que el equipo vuelva en julio a estar en Primera para competir en planos importantes”, agregó.

Como en casa. Liberia es una ciudad que se encuentra al norte de Costa Rica, casi al límite con Nicaragua. Está rodeado del océano pacífico y de valles. El contacto con la naturaleza lo aleja de los ruidos que caracterizan a las ciudades cosmopolita.

“Es una vida sumamente tranquila, bien de campo porque es un país que está sobre mucho verde, mucha montaña. Salvo San José, la capital del país, que es un aglomerado de edificios, autos y demás, el resto está hecho sobre valles, montañas. Eso hace que la vida sea sumamente tranquila, amena. La gente es muy agradable, solidaria. Es como vivir en el interior de Argentina”, comparó.



El contacto con la naturaleza facilita la estadía de Gabriel en territorio Tico. “Haberme criado en una ciudad muy parecida a la que vivo hoy hace que me sienta muy a gusto. Quienes vienen de ciudades más grandes como Rosario, Buenos Aires le gusta más lo céntrico. Al haberme criado en una ciudad chica y estar en contacto con la naturaleza hace que me guste esta ciudad, esta vida y me siento muy a gusto y cómodo. Estoy a 15 minutos de las playas que son muy lindas. Es una ciudad muy turística. Por momentos vas caminando por la calle y te cruzas con una lagartija de medio metro. Constantemente hay distintas especies y eso hace que sea distintos a la vida de ciudades grandes. A mi me cueste menos por mi origen”.

Patat calificó al hincha del conjunto Liberiano como apasionado. “Trabajar en el fútbol hace que uno esté en exposición. La gente nos para por la calle y nos da un trato diferencial”, subrayó. Claro que el termómetro cambia si los resultados no son los deseados. “Si no cumplís las expectativas te cuestionan. Con Hernán (Carlissi) hemos tenido una excelente campaña en el torneo pasado. Propusimos hacer una base, recuperar jugadores de la zona. Somos uno de los equipos del cantón (provincias) alejadas de San José. Recuperamos un montón de esos chicos y hoy lo volvimos a poner en el equipo mayor. La gente está muy entusiasmada porque es un equipo muy liberiano. Pero si las cosas no van bien, te hacen sentir el malestar a través de las redes sociales. No se vive con el mismo grado de locura de Argentina, pero si te expresan el malestar. Por suerte no hemos tenido que vivirlo”, agradeció.

Sueño canalla. Gabriel no pierde las esperanzas de regresar al país para formar parte de una estructura profesional. Tiene un sueño por cumplir: Trabajar en Rosario Central, el club de cual es hincha. “Muchas veces me pasaba que tiene la capacidad para trabajar en ligas mayores, pero no el currículum. No tomaba decisiones económicas porque estaba muy bien en Provincial y en otros clubes. Pero decidí priorizar lo profesional y salí de mi estado de confort para buscar algo mejor. A mediados de 2019 me llegó una oferta del Deportivo Morón, pero la oferta no era buena desde lo económico. Decidí irme a Liberia, seguimos en contactos con un montón de agentes de distintos países por si sale alguna propuesta de una liga importante, como Colombia, México, Panamá. La idea es seguir creciendo y que el destino nos llegué adonde diga. Me gustaría regresar a Argentina y trabajar en un equipo de Primera o segunda división, y si es Rosario Central, mejor.



Por Matías Larraule/Ovación
Diario UNO


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Futbol

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